Curiosidades Fiestas y Tradiciones. Leyendas de Cuenca

De Leyenda (I)

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Una ciudad histórica con un casco antiguo lleno de callejuelas, rincones y parajes pintorescos, da pie a que se generen un montón de cuentos y leyendas, y Cuenca no va a ser la excepción; muchas leyendas se ciernen dentro y fuera de los muros del recinto amurallado de la ciudad, algunas de estas leyendas de Cuenca te ponen los pelos de punta, otras son el simple cotilleo a modo de crónica del corazón de épocas de antaño, pero en definitiva, leyendas son.

Hoy, voy a contar dos leyendas que transcurren en dos lugares que ya hemos visitado en dos post anteriores.

La Cruz del Diablo (o del Convertido)

La cruz del Convertido.

La Cruz del Convertido.

La primera leyenda  ocurrió en el paraje de la Ermita de la Virgen de las Angustias, esta historia es muy popular entre los conquenses (yo creo que es la leyenda más conocida) en las noches de verano se solían hacer representaciones de esta historia en el mismo lugar de los hechos (ya no si se seguirá haciendo). Además hay hasta un bar en la calle de las Torres que se llama “La Cruz del Diablo” haciendo honor a la leyenda.

Se dice que allá por el Siglo XVIII había en Cuenca un joven llamado Diego, hijo del Oidor de la ciudad, al que le gustaba mucho la fiesta y cortejar a todas las mujeres casaderas que se le pusieran por delante, pero cuando conseguía llevárselas a la cama, las dejaba.

Pero un día de verano llego una joven llamada Diana, bellísima ella, que cuando paseaba por la calle todos los hombres se quedaban con la boca abierta, y como no, Diego se quedó prendado de ella y un día se le acercó en la calle para presentarse ante tan bella dama.

Diego estuvo “rondando” a Diana durante mucho tiempo pero no consiguió más que la amistad de la dama. Pero una mañana, en vísperas de todos los Santos, Diego recibió un mensaje de Diana: “Te espero en la puerta de las Angustias, seré tuya en la noche de difuntos”

Diego estaba contentísimo porque iba a cumplir su deseo más anhelado, y estuvo nervioso todo el día y se le hicieron las horas eternas hasta que llego la noche. Empezó a llover y a tronar en Cuenca, una tormenta de las que no se recordaban, pero Diego fue al encuentro de Diana, que estaba esperándolo en el paraje de las Angustias con un suntuoso vestido.

En cuanto se vieron, Diego y Diana comenzaron a besarse y a abrazarse como dos locos enamorados, sin importarles los truenos y relámpagos que se oían y se veian en el cielo conquense.

Diego iba a por todas y empezó a deslizar sus manos por las faldas de Diana; cuando se las levantó, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, ya que no encontró piernas debajo de las faldas, sino dos patas de macho cabrío.

Lleno de terror el joven salió corriendo dando gritos de terror y Diana, que era el mismísimo Lucifer, empezó a perseguir a Diego lanzando unas horrendas carcajadas que resonaban en toda la Hoz del Júcar.

Diego llegó corriendo al atrio del Convento de Franciscanos Descalzos próximo a la Ermita de las Angustias, donde había una cruz de piedra; el joven se agarró fuertemente a esta, el diablo justo en el momento de encaramarse Diego a la cruz, le lanzó un zarpazo que rozó el hombro del joven y dejó una marca en la Cruz de piedra, en ese momento el diablo desapareció tras un relampago.

Se dice que Diego al día siguiente ingresó en el Convento de los Franciscanos Descalzos y ya nunca volvió a salir de él. Y allí, en la puerta del antiguo Convento todavía hoy podemos ver la Cruz de Piedra donde Diego tuvo que agarrarse para salvarse del zarpazo del Demonio, que quedo grabado en la piedra y todavía puede verse.

Hay otro final distinto para esta leyenda: Diego huye despavorido al ver que Diana es el demonio,  va hacia el Convento de los Descalzos y  cuando toca la base de la cruz su mano queda petrificada en ella. Su alma ya no pertenecía a la luz sino a las tinieblas.

La Cruz sufrió hace unos años graves desperfectos a causa de actos vandálicos, pero el ayuntamiento pronto procedió a restaurarla. Como veréis, es una leyenda bastante inquietante, os aconsejo que vayáis in situ a visitar la Cruz.

La Fuente del Abanico.(otra leyenda de Cuenca)

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Esta leyenda se situá en el Paseo del Júcar, y cuenta que una esposa infiel con su marido, el cual se iba todas las tardes al casino y dejaba sola a su mujer. Esta aprovechaba estos huecos para quedar con su amante en una fuente muy cercana al Rio Júcar. Pero alguien, amigo del esposo, pillo in fraganti a la mujer y raudo y veloz fue a contar al marido las andanzas de su esposa.

Sin perder un minuto el marido fue corriendo a la fuente para ver si era verdad o no lo que le habían contado y no encontró a nadie, pero sí que vió que cerca de la fuente había un abanico que pronto reconoció que pertenecía a su mujer.

La mujer que se da cuenta que ha perdido el abanico, mandó llamar a una de sus amigas para que le ayudará con una coartada. El marido llega muy enfadado a su casa para pedirle explicaciones sobre los hechos a su mujer, pero antes de que pudiera decir nada, la astuta amiga de la mujer infiel le reclama el abanico diciendo que era de ella y que lo había perdido en la fuente.

Así fue como el marido es engañado. De esta forma acaba esta leyenda pero alguien un poco después de los hechos quiso dejar un abanico grabado en piedra en la fuente para recordar esta burla para siempre.

Espero que os hayan gustado las dos leyendas de Cuenca. En entradas posteriores os contaré alguna más. Hasta pronto.

 

 

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Sobre el Autor

Eduardo Mayordomo Muñoz

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